El Casco Viejo de Bilbao es el origen de la actual ciudad, moderna y abierta al mundo. Durante más de cinco siglos, el espacio ocupado por la villa de Bilbao se limitó al actual Casco Viejo histórico, y algunos espacios de su entorno inmediato. Por ello, la ruta es obligada, para entender la historia del Casco Viejo de Bilbao.

 

Hay tanto que contar sobre el Casco Viejo de Bilbao, que no es posible abarcarlo en un solo artículo. Por ello, vamos a esbozar sus lugares destacados, mencionar algunas anécdotas, y también leyendas urbanas que aún se cuentan. Puedes completar la información de este artículo con la de qué ver y qué hacer en el Casco Viejo de Bilbao.

 

Si tienes pensado hacer la ruta del Casco Viejo de Bilbao por tu cuenta, con este artículo podrás interpretar mejor aquello que veas cuando camines por sus calles. Y si vas a recorrerlo en una visita guiada, al menos estarás al tanto de lo fundamental, e incluso podrás detectar si te están contando alguna mentira.

 

San Antón y la Ribera

 

Comenzamos en la zona del mercado de la Ribera y la iglesia de San Antón. Aquí ya existía el puerto de Bilbao, según indican trabajos arqueológicos, al menos un siglo antes de convertirse en villa (en 1300). También descubrieron restos de la antigua muralla, que pueden verse dentro de la iglesia.

 

El puente medieval estaba delante de la iglesia (no detrás como ahora), y servía para controlar la llegada de personas y mercancías a la villa de Bilbao. Entre otros productos, a Bilbao llegaba gran parte de la lana producida en Castilla, para ser transportada en barcos hacia el norte de Europa. Esa fue la función clave de Bilbao, conectar Castilla y el norte de Europa.

 

Pero también mucho productos llegaban para venderse en Bilbao. El espacio ahora ocupado por el Mercado de la Ribera de Bilbao era la Plaza Mayor, lugar de encuentro por excelencia para los intercambios comerciales y también para los eventos públicos.

 

La calle Ribera se extiende hasta llegar al Arenal, pero es en este primer tramo donde comienzan las 7 calles históricas de Bilbao. Las parcelas que daban hacia la Plaza “Vieja” eran las más codiciadas por las familias poderosas, ¿qué mejor lugar para ver y para mostrarse? Aquí instalaron sus torres medievales los linajes de la Tierra Llana, que encontraron en la privilegiada villa de Bilbao nuevas maneras de conseguir riqueza. Actualmente no queda ninguna de aquellas torres, solo palacios y edificios que las sustituyeron.

 

La muralla de Bilbao

 

Desde la Ribera de Bilbao se puede hacer una ruta de apenas 1 kilómetro que coincide, aproximadamente, con el perímetro de la muralla, y por tanto del Bilbao medieval. Habría que caminar por las actuales calles Ronda – Banco de España – Lotería – Perro – Pelota y de nuevo a la Ribera, donde la muralla tenía un portal de entrada a cada una de las siete calles. En el otro extremo se encontraba el portal de Zamudio, y con el paso de los siglos fueron abriéndose otros.

 

La muralla cercó Bilbao y la protegió, aunque no siempre con éxito, de ataques y crecidas de la ría de Bilbao. Pero quizás su función principal era el control de accesos a la villa y delimitar su jurisdicción (privilegiada respecto a la de su entorno, la Tierra Llana).

 

Aún circula la leyenda de que Bilbao tuvo primero tres calles, y más tarde derribó su muralla para construir cuatro más. Gracias a la investigación arqueológica, sabemos que el terreno para las siete calles se preparó en la misma época. Además, ningún documento histórico menciona esa supuesta demolición de la muralla.

 

En la planta baja de dos edificios de la calle Ronda pueden observarse restos de la muralla medieval, aprovechada durante la ampliación de sendos edificios. No fueron los únicos que usaron la muralla, pero sí los que se han mantenido sin posterior modificación. En la ventana y puerta de acceso a un comercio allí ubicado se puede observar el ancho que tenía la muralla de Bilbao, y también se puede apreciar la altura aproximada que tuvo. 

 

En la calle Pelota, dentro del palacio Yohn (“La Bolsa”), actualmente un centro municipal de entrada libre, también pueden verse restos de la muralla. 

Ruta por Las siete calles del Casco Viejo de Bilbao

 

Es algo recurrente mencionar los oficios o gremios instalados en cada una de las siete calles, en época medieval, pero la verdad es que en Bilbao no se produjo una concentración gremial tan estricta como en otros lugares, y darle mucha importancia a eso resulta algo superficial. También hay que saber que no todos los nombres actuales son los originales. 

 

Actualmente la primera calle es Ronda, pero no es una calle con origen medieval. Este espacio era el exterior del recinto amurallado. Su nombre puede confundir: en realidad la Ronda (de vigilancia) se realizaba dentro del recinto amurallado, no aquí fuera. En el número 16 de la calle Ronda nació Miguel de Unamuno.

 

La primera calle medieval es Somera (Goienkale), la calle “del somo”o de arriba. En su entrada levantó torre la familia Legizamon, uno de los linajes locales más poderosos, que pudo tener incluso un paso privado, sobre la muralla, para llegar desde su torre a la iglesia de San Antón… o al menos tuvo pleitos con el ayuntamiento, en discusión sobre tal asunto. Ayuntamiento cuya casa consistorial, por cierto, se levantaría entre la torre de los Legizamon y la iglesia. En el poco espacio que quedaba se abrió el Portal de Ibeni.

 

En el número 14 de Somera nació el precoz compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga a quien se dedicó una plaza junto al Arenal, el Teatro Arriaga, y dos esculturas que se encuentran junto al museo de Bellas Artes, y en Uribitarte, de camino hacia el Guggenheim.

 

La segunda es Artecalle, cuyo nombre en euskera (Artekale; arte = entre + kale = calle) indica la situación de esta “calle entre” la Plaza Vieja de Bilbao y el Portal de Ibeni. También se traduce como “calle del medio” en núcleos medievales vascos de solo tres calles. Pero recordemos que Bilbao tenía siete, además el primer nombre, del que hay constancia, de esta calle fue Francos (en referencia a las franquezas / libertades medievales con que se privilegió a Bilbao).

 

La tercera calle es Tendería (Dendarikale), así nombrada por las numerosas tiendas que en ella se instalaron. Tuvo gran tradición textil, y aún queda alguna tienda del ramo, de las “de Bilbao de toda la vida”.  El nombre original de la calle fue Santiago, en referencia al templo religioso ya existente antes de fundarse Bilbao, y que evolucionó hasta la actual catedral.

 

Al comienzo de esta calle, en el Portal de Tendería, juró los Fueros del Señorío de Vizcaya la reina Isabel “La Católica”.

 

La cuarta es Belosticalle (Belostikale), inicialmente Pesquería. En su inicio encontramos el palacio Arana, el más antiguo que se conserva en Bilbao. Observando este edificio con atención, podemos apreciar (en los diferentes tamaños de piedra) un ejemplo de cómo las viviendas instaladas junto a la muralla, fueron construyendo sobre ella, instalando voladizos en su exterior. En este caso dichos voladizos se convirtieron más tarde en los soportales o “arcos de la Ribera de Bilbao” (en los cuales merece la pena mirar hacia arriba, pues están decorados). 

 

La quinta es Carnicería Vieja (Harategi Zahar), que hasta el traslado del matadero allí ubicado se llamaba solamente Carnicería. Junto a esta calle, pero en Ribera, hay una tienda con puerta de color azul, que casi siempre encontramos cerrada, pues solo abre en invierno (de cara a fechas navideñas). Es otra de las extravagancias de Bilbao, ¡una tienda de angulas!

 

La sexta es Barrencalle, antes Palacio, otra calle para leer en euskera (Barrenkale), indicando que es la calle “inferior” o “de abajo”, aunque en realidad no lo sea, pues queda otra. La lógica de Bilbao, a veces, es así de incomprensible.

 

La séptima y última calle medieval era Barrencalle Barrena, antes Yusera (es decir, la de abajo). En euskera (Barrenkale Barrena) nos dice que es la calle “debajo de la de abajo”, pues si lo dice el nomenclátor, que así sea.

 

Cantones y Cárcavas de las siete calles

 

Además de las 7 calles del casco viejo de Bilbao, que eran las vías principales, el Bilbao medieval contaba con callejas que conectaban dichas calles entre sí, denominados cantones. Estos tienen la peculiaridad de estar ligeramente elevados en su punto central, creando una pendiente de gran utilidad.

 

Las cárcavas son los espacios que quedan entre la trasera de los edificios de calles adyacentes. Coinciden con en el punto central de cada cantón. Actualmente las cárcavas son muy estrechas, y están más o menos ocultas a miradas ajenas (aunque podrás comprobar que sus puertas de acceso las delatan, por mucho que quieran camuflarlas).

 

El sistema formado primero por cárcavas, después cantones, y finalmente calles, permitió a lo largo de los siglos la limpieza del espacio público en Bilbao, ya fuera gracias a las lluvias o, más adelante, gracias al agua traída mediante un sistema de caños (del cual nos queda el recuerdo en el Paseo de Los Caños, en Atxuri). Por algo quienes visitaban Bilbao en la antigüedad comentaban a menudo la limpieza de sus calles… en relatos ligeramente idealizados, pues la realidad tuvo sus matices y anécdotas.

 

La catedral de Santiago

 

Santiago es la catedral pero también lo fue su entorno, hoy reducido a una plazuela. El mercado de Bilbao se realizaba inicialmente en esta zona: cuando el grueso del mercado se pasa a la Plaza Mayor, se menciona el de Santiago como Mercado Viejo.

 

La iglesia ya se menciona en la carta de fundación de Bilbao, y es por tanto la de más antigua tradición. Tras un incendio (en 1374) se comienza a levantar el edificio gótico actual, al que en épocas posteriores se le añaden: claustro, sacristía, pórtico, nueva fachada y torre.

 

El pórtico (de finales del XVI) además de proteger de las frecuentes lluvias, actúa como contrafuerte, soportando el peso de ese costado del edificio. La escasa firmeza del terreno y el empuje del edificio provocaron que algunos de sus pilares estén inclinados.

 

Pero quizás el dato más curioso es que hasta 1950 la iglesia no fue catedral, pues no existía antes una Diócesis de Bilbao. Y no solo eso, durante siglos los obispos no tuvieron fácil llegar hasta Bilbao… pero es una larga historia que es mejor escuchar que leer.

 

Mucha gente comenta que la catedral de Bilbao es pequeña. Quizás tengan razón, pero, ¿acaso Bilbao necesita un templo más grande? Por otra parte, tampoco había mucho espacio donde construir. 

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Portal de Zamudio

 

Ya dijimos que era una de las entradas al Bilbao amurallado. El nombre de Zamudio le viene por el camino que conectaba Bilbao con ese municipio, al otro lado de los montes.

 

Por este camino llegaban muchos de los víveres que abastecerian la villa, producidos en los pueblos de los alrededores. En el entorno de este portal, además de cierta actividad mercantil, también hubo edificios importantes como la cárcel pública (en la que tuvieron lugar diversas anécdotas). 

 

Actualmente el portal de Zamudio es casi una plazuela, que se abre hacia las 3 primeras calles de del Casco Viejo de Bilbao, y con una fuente moderna donde refrescarse (aunque artísticamente no es comparable a las de la plazuela de Santiago, calle del Perro, y plaza de los Santos Juanes, que son del siglo XVIII). 

 

El crecimiento extramuros

 

A finales del siglo XV, pero sobretodo a partir del XVI, los habitantes de Bilbao van ganando espacio fuera del núcleo amurallado. Inicialmente se trata de ampliaciones de algunas viviendas, por encima de la muralla y con voladizos al exterior, como ya mencionamos.

 

Más tarde, con licencia para ampliar la villa, se va poblando lentamente el entorno de los caminos (con huertas, almacenes y algunas casas), que actualmente son las calles Correo (Posta), Bidebarrieta y Santa María (Andra Mari). Con anterioridad se habían abierto los respectivos portales en la muralla de Bilbao.

 

Existe una leyenda urbana, muy extendida, que dice que la muralla fue destruida tras conseguirse la licencia (en 1483) para ensanchar el Bilbao de las siete calles del Casco Viejo de Bilbao. Nada de eso, la desaparición fue un proceso lento, y todavía en el siglo XIX se eliminaron algunos vestigios de la muralla. Fue una transformación que dejó curiosidades apenas conocidas, de esas que solo te puede contar quien conoce a fondo la historia del Casco Viejo de Bilbao.

 

Con el paso de las décadas, Correo, Bidebarrieta, Santa María y sus calles aledañas se fueron ocupando, hasta no dejar ni un solar vacío. En este primer ensanche de Bilbao encontramos calles más anchas, más luminosas, con interesantes palacios y edificios señoriales, que suelen tener placas informativas a la ruta del paseante, por lo que no nos extenderemos aquí citándolos a todos.

 

Si debemos mencionar, aquellos que por su carácter público pueden ser visitados con mayor facilidad durante sus horarios de apertura. En Bidebarrieta 4 está el “Palacio de las Libertades” levantado por la Sociedad El Sitio (actualmente Biblioteca de Bidebarrieta), y en Pelota 10 está el Palacio Yohn (en cuyo interior hay vestigios de la muralla medieval). 

 

Plaza Nueva, San Nicolás y La Sendeja de Bilbao

 

Estas dos zonas son lo poco que quedaba por ocupar en el casco viejo de Bilbao a finales del XVIII, tras el primer ensanche recién mencionado. La Plaza Nueva tiene especial relevancia, por el carácter central que adquirió para la vida pública. Aún hoy es uno de los lugares destacados de reunión y para la celebración de eventos.

 

En esta plaza estuvo la Diputación de Bizkaia antes de trasladarse a la Gran Vía de Bilbao, donde hoy se encuentra Euskaltzaindia (academia de la lengua vasca). También tuvo en esta plaza su sede la Sociedad Bilbaina, hoy junto al puente del Arenal. Estuvo incluso la estatua en homenaje al fundador de Bilbao, Diego López de Haro V, que hoy se encuentra en la Plaza Circular de Bilbao.

 

Pero lo más extravagante que ha sucedido en esta plaza fue la “fiesta veneciana” que se organizó para la visita de Amadeo I de Saboya (en 1872), de la que se cuenta que se inundó la plaza y los participantes disfrazados de venecianos navegaron en góndolas. Hasta aquí el relato es cierto, pero también se cuenta que para inundar la plaza se cegó la parte baja de los arcos que la rodean. La verdad es que el interior de la plaza tenía una altura inferior a la actual, y parece que no fue necesario llegar a tanto como cerrar los accesos. (Hay gente, con exagerada imaginación, que dice que aún se puede ver en los pilares de los arcos hasta qué altura llegó el agua, por la diferente tonalidad que tienen las piedras… pero la verdad es más prosaica, el diferente tono ¡se debe a un tratamiento anti graffiti!)

 

Desde la Plaza Nueva del Casco Viejo de Bilbao hasta el actual Ayuntamiento encontramos las actuales calles Esperanza, Viuda de Epalza y La Sendeja, que fueron completando los espacios libres que aún quedaban, a partir de finales del XVIII. Anteriormente esta era una zona que daba servicio al puerto de Bilbao, y vivienda a personas sobretodo relacionadas con la actividad marítima o pesquera (la iglesia de San Nicolás indica también el carácter marinero que tenía este arrabal). Tuvo también cierta actividad industrial, llegando a construirse allí áncoras para la Real Armada, en la “Estufa” que se recuerda en el nombre de una pequeña calle.

 

Uno de los elementos destacables de la zona de La Sendeja son los tinglados portuarios que se conservan (hubo muchos más a lo largo de la ría, en diversos lugares) y que dan cobijo tanto a los accesos del parking del Arenal, como al mercado de flores dominical, y otros eventos.

 

Ruta por el Arenal

 

Su nombre deja bien claro el origen de esta zona de paseo y recreo: una playa fluvial. Se calcula que las aguas de la ría antes de ser encauzadas, podían llegar hasta donde actualmente está la Plaza Nueva del Casco Viejo de Bllbao, durante la marea alta. El entorno inmediato aprovechable era el de los antes mencionados San Nicolás y Sendeja.

 

En la Edad Media sirvió, como otras zonas de la ría, para el asentamiento de pequeños astilleros de ribera de Bilbao. Pero a finales del siglo XV se trabajó para desecarlo y ganar terreno a la ría, teniendo las mujeres de Bilbao un papel destacado en estas labores.

 

El puerto de Bilbao fue desplazando su actividad desde la zona de la Plaza Mayor hacia el Arenal, pero el terreno fue suficiente para que convivieran la actividad portuaria en la franja inmediata a la ría, y los lugares de encuentro y paseo en el espacio más interior.

 

En el siglo XIX el Arenal era uno de los lugares más concurridos, y es típico mencionar sus “tres paseos”: el de los Curas, el de los Señoritos y el de la Alpargata. Aunque dichos nombres perdieron su sentido hace mucho tiempo. Pero el Arenal es también actualmente muy frecuentado, y en él se celebran diversas actividades (concursos gastronómicos, feria del libro, feria de artesanía…). Además, hay dos zonas con columpios infantiles.

 

Plaza Unamuno de Bilbao

 

Dejamos para el final este espacio, que en realidad está situado más cerca de la Plaza Nueva y del Portal de Zamudio, pero es que es la zona más “reciente” del Casco Viejo de Bilbao. Aún no ha cumplido ni un siglo como plaza.

 

Inicialmente estuvo ocupado por un Convento de religiosas (del siglo XVII al XIX). En 1848 se abrió allí el Instituto Vizcaíno, importantísimo centro educativo donde se formaron ilustres bilbaínos como el propio Unamuno.

 

En 1929 el instituto se trasladó al Ensanche y derribado el edificio quedó una explanada, que con el tiempo se convirtió en la actual plaza, dedicada al conocido escritor, nacido en Somera.

 

Esperamos que este texto sirva para que disfrutes más de tu ruta al Casco Viejo de Bilbao, y si quieres conocerlo mejor mediante una visita guiada, te recomendamos la visita Esencias de Bilbao.